La normativa sísmica chilena NCh433 y la NCh2369 para estructuras industriales son el punto de partida obligado para cualquier proyecto en Antofagasta. El diseño de anclajes activos/pasivos en esta ciudad no admite aproximaciones genéricas. Los suelos salinos típicos de la planicie costera, combinados con un registro sísmico que incluyó el terremoto de Tocopilla en 2007, exigen cálculos de adherencia que consideren la agresividad química del terreno. En nuestra experiencia, un bulbo mal diseñado en este ambiente se degrada en menos de una década. Por eso partimos siempre de un perfil geotécnico detallado, muchas veces apoyado en un ensayo CPT cuando necesitamos la estratigrafía continua del perfil salino sin alterar la muestra.
En suelo salino de Antofagasta, un anclaje sin doble protección anticorrosiva es una falla programada, no un riesgo calculado.
Metodología y alcance
La expansión urbana de Antofagasta hacia el sector norte, sobre terrazas marinas y depósitos eólicos, cambió las reglas del juego. Lo que antes eran soluciones con taludes tendidos ahora requiere diseño de anclajes activos/pasivos para excavaciones verticales de varios niveles. El anclaje activo permite controlar deformaciones desde la primera etapa constructiva, algo crítico en la Avenida Argentina donde las edificaciones vecinas no toleran asentamientos. El pasivo, en cambio, trabaja bien en cortes de cerro donde el macizo rocoso fracturado de la Cordillera de la Costa necesita confinamiento. Ambos sistemas los calculamos según NCh1508, verificando la estabilidad global del conjunto suelo-anclaje-estructura. La interfaz entre el relleno artificial y el suelo natural es el punto más débil que encontramos en casi todos los perfiles del casco central.